Singularidad del Síntoma vs Universalidad del Trastorno

16.12.2018

Me parece importante, muy importante, incidir en la diferenciación entre "trastorno" y "síntoma". Me parece muy importante, digo, porque alude directamente a potenciar la subjetividad, el uno por uno, el caso por caso -que sería el caso del "síntoma"- o el anular dicha subjetividad considerándonos a todos iguales, diagnosticados y tratados de forma estandarizada y, sobre todo, donde dicha subjetividad no tiene cabida en la formación del "trastorno".

Decir "tengo un trastorno obsesivo compulsivo, de ansiedad generalizada, anorexia, etc." implica enteramente una concepción en la que el sujeto mismo no está involucrado. Implica una concepción que nos viene del paradigma médico alopático en el que "algo de fuera nuestro" -un virus, un fallo en el mecanismo cerebral, etc.- nos es impuesto y nos coloca en la posición de victimas ajenos totalmente a ese infortunio accidental.

En la sociedad actual, hay un discurso que trata, en sus diversas formas, de que el sujeto simplemente consuma -incluso felicidad- pero que jamás se manifieste en su individualidad única e irrepetible. De hecho todo este alboroto actual de lo que es científico o no, es un intento de dominación para acabar -por medio de la voz de supuestos expertos que tienen el saber- con la subjetividad.

En contraposición a todo esto, está la concepción -entre otros del Psicoanálisis- del "síntoma". Hablar de Síntoma ya implica que en lo que le ocurre al sujeto, el sujeto mismo de manera inconsciente, ha participado en su construcción. Es un intento de solución en el que el sujeto está implicado. Es decir, nosotros no somos ajenos a lo que nos ocurre. Por lo tanto, y partiendo de esta base, no habrá diagnósticos ni tratamientos "normalizadores" y "adaptativos" para todos por igual. Habrá el caso por caso, respetando la subjetividad de la persona e intentando que llegue a saber conscientemente como construyó el síntoma de manera inconsciente.

En definitiva, hay una auténtica diferencia que va más allá de unos modelos terapéuticos frente a otros. Esta diferencia, toca la base misma de la manipulación a la que el poder actual nos está sometiendo: hacernos creer que somos una maquina (todos iguales) que puede fallar y para la que ya se tiene remedio oportuno (en forma de fármacos, técnicas o pautas para todos de igual manera). Se llega a decir a algunas personas en consulta que "Ten en cuenta que a lo mejor tienes que tomar antidepresivos durante toda tu vida porque hay personas que nacen con un déficit de serotonina". ¿Dónde está aquí la historia y las experiencias personales de la persona? ¿A quién, sino a la poderosa industria farmacéutica, puede favorecer este modo de hacer "Ciencia basada en la evidencia"? ¿Dónde está esa supuesta evidencia? Pero, sobre todo, en todo esto, ¿dónde está la persona única y diferente al resto? ¿Dónde está el sujeto en definitiva?

Doménico Cosenza en "El muro de la anorexia" lo reflejaba así: "Es necesario localizar la posición subjetiva, característica de la anorexia del paciente, para poder entender y tratar el malestar de este, a partir de su decir respecto a su condición. Si no se mantienen firme estos dos puntos cardinales, se disuelve la idea misma de causalidad psíquica, tal como pudo surgir en el descubrimiento del inconsciente, dejando el campo libre a un determinismo biológico y al condicionamiento social sin límites.

La intervención de orientación analítica, dirigida a romper la monotonía anónima del discurso de la paciente sobre el peso y las calorías para alcanzar la palabra del sujeto: ¡Hablemos de otra cosa! ¡Hábleme de usted!, se presenta como una manifestación clínica y técnica de una inversión teórica respecto al enfoque cognitivo-conductual: ¡No me hable de usted. Dígame si vomita y cuantas veces lo hace al día!, podría representar la típica intervención que la paciente se encuentra en lo cognitivo-conductual".