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La sobrediagnosticación en los niños

       Un niño se mueve mucho en clase y en casa, y lo hace en un contexto donde lo importante es la obediencia y la puntualidad. Este niño es inmediatamente, tras ser avisados los padres, "recomendado" a acudir al pediatra por un posible (y aquí viene la etiqueta de elección: trastorno desafiante, TDAH,...). El pediatra, al igual que profesor y tutor, observa su conducta; el psicólogo escolar observa su conducta y pregunta a los padres. Conclusión: el niño "tiene un trastorno" definido en los manuales diagnósticos al uso y se le medica.

Dichos manuales diagnósticos tienen como base, afirman, multitud de estudios "objetivos" que avalan que, incluso, hay una alteración neuroanatómica, neurofisiológica o las dos juntas.

Pregunta: Es curioso que el cerebro tenga una forma de funcionar "normal", "correcta" siempre que la conducta obedezca al discurso dominante del momento y de la sociedad en cuestión. ¿El cerebro acaso modifica su anatomía y funcionamiento según sea esa época, sociedad, y su discurso o normas a cumplir? ¡Esto sí que es neuroadaptación!

Otra pregunta: Si la anterior pregunta es afirmativa entonces ¿todas las conductas que se aparten de lo establecido, curiosamente y como afirman tajantemente los cientificistas -a sueldo del Bigfarma- tienen su correlación en una "alteración" anatómica o funcional del cerebro? ¿Y, por supuesto, medicable?

Y una última pregunta: ¿puede esto tragárselo alguien?

Decía Freud:

"Aquellos ... han rechazado la hipótesis de que las bases materiales de las modificaciones histéricas han de ser de igual naturaleza que las de nuestros procesos anímicos normales".

PD: ¡ah! Se me olvidaba un detalle sin importancia... ¿alguien se ha molestado en salir de su supuesto saber y ha escuchado lo que el niño tenga que decir del momento que vive?

Manuel Noriega Borrachero

¡Qué fácil es dejarse llevar por el discurso dominante para recibir aplausos! Y encima lo hacen en nombre de la Verdad por la que, en realidad, nunca estarían dispuestos a luchar y renunciar a esos aplausos y a las comodidades. En la Edad Media, era una multitud la que pedía que quemaran a las brujas o a los herejes. Hoy...

Un día, como otro cualquiera. Recibo una llamada telefónica pidiendo una cita para consulta; ¿el motivo? Esta mujer, X, se sentía fatal y muy culpable porque mantenía una relación, oculta, con otro hombre y estaba engañando y por tanto tratando fatal a su marido. Llevaba con antidepresivos y benzodiacepinas medicada muchos años.

Caso práctico:

Una persona acude a consulta porque se siente muy desmotivada y con mucha ansiedad y angustia.

Esta persona no logró establecer una pareja estable en su vida; no tuvo hijos, no realizó los estudios que hubiera deseado y no consiguió un trabajo parecido siquiera a lo que le hubiese gustado.

Sus explicaciones conscientes del porqué, por ejemplo, no logró establecer pareja son del tipo "he tenido mala suerte con los hombres". Poco a poco, y con el trabajo de cada sesión, va tomando conciencia de que, en realidad, no estableció pareja ni nada de lo anteriormente citado, no por las explicaciones conscientes que se dio a sí misma para justificar lo que le pasaba en su vida, sino porque estaba obedeciendo el discurso para el que, desde su infancia, la habían preparado y cuyo fin no era otro que el de acabar cuidando de sus padres.

Por supuesto, la paciente, necesitó un tiempo (cada persona tiene su momento evolutivo) para hacerse consciente de lo que en realidad pasaba y poder así tomar las riendas de su vida al fin.

Os imagináis que esta persona, dependiendo de donde acudiera a por ayuda, podría hacer sido tratada solo con fármacos (antidepresivos o benzodiacepinas); o podría haber sido tratado con una evaluación, conceptualización de caso e intervención para su.."problema de ansiedad"; o algún entrenador personal le indicaría directamente la solución porque él tiene el saber.

¿Es en realidad un problema de ansiedad el de esta persona o es algo mucho más profundo? ¿Basta con mirar solo el síntoma o hay que buscar las causas profundas que siempre son diferentes de un caso a otro?

Ahí dejo la reflexión que, dese luego, implica lo que está ocurriendo actualmente con ciertos enfoques que reciben mucho apoyo y que corresponden a un discurso que no beneficia al ser humano sino a otros..."beneficios".

Manuel Noriega B. Psicólogo y Psicoanalista.

Videos y otras cosas

Video del Psicoanalista Juan Pundik, sobre ese "trastorno" inexistente llamado TDAH (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad)

¿Por qué no aprendemos de lo malo?

Las teorías psicológicas basadas en el aprendizaje presuponen, a consecuencia de esto, que, el ser humano, es capaz de aprender de sus experiencias negativas y, por tanto, de no repetirlas en sus conductas cotidianas diarias. Por ejemplo, el amable lector habrá observado las campañas antitabaco en las que, en las cajetillas, se incluyen toda clase de fotografías bastante horribles referidas a las consecuencias de una continua acción de fumar. Lo que se pretende, como se deduce de lo expuesto anteriormente, es que el ciudadano aprenda de esas consecuencias negativas y, en consecuencia, abandone ese hábito nocivo. También habrás podido observar los anuncios de Tráfico en los que, para evitar conductas de riesgo al conducir, se ofrecen imágenes de personas en sillas de ruedas debido a accidentes ocasionados por estas conductas imprudentes. Pero la pregunta que nos surge a todos es... ¿funciona? ¿Las personas dejamos de fumar o de conducir arriesgadamente al ver las consecuencias negativas de esas conductas? La respuesta es obvia, clara y contundente: ¡en absoluto! ¿Qué es lo que ocurre entonces?

Sigmund Freud, al final de su vida y de su obra, se dio cuenta de que, el ser humano, es capaz de tener conductas muy de riesgo, y a pesar de ser consciente de las consecuencias que podrían acarrearle, y continuar practicándolas. Habló, Freud, entonces de que el hombre tiende al placer pero también al displacer; que hay una pulsión de vida, pero también una pulsión de muerte. Más tarde, Jacques Lacan, hablaría del goce, en el que el placer y el displacer estarían en una misma línea, en una dimensión o continuo, y no serían dos cosas contradictorias. Por ejemplo, si empezamos a rascarnos sentiremos placer pero, si continuamos haciéndolo sin parar, empezaremos a sentir mezcla de placer y dolor, y al final sentiremos dolor pero, inevitablemente, continuaríamos haciéndolo. Esto ocurre en la práctica clínica diaria: adicciones en las que la persona no sabe ni puede controlarse; y en muchos tipos de neurosis en los que la persona vive instalada en la queja y en el sufrimiento (quien no ha tenido una vecina así) y ya le puedes decir lo que sea que seguirá quejándose. Hay un evidente goce en la queja.

No es momento de profundizar en este pequeño texto, pero sí de incitar al lector a informarse, si es su deseo, sobre esta importantísima cuestión que está aparejada a una concepción del ser humano que nos ve más en la complejidad y subjetividad que verdaderamente nos conforma.

¡Un abrazo!

Manuel Noriega B. Psicólogo y Psicoanalista